Se trata del claustro de San Francisco en pleno
barrio judío de Palma.
Enfrentarme a la vorágine de decenas de
escolares preadolescentes zumbando a mi alrededor en pleno recreo
escolar y ser capaz de abstraerme a pesar de todo eso durante el
proceso de creación fue un reto del que creo haber salido
airoso.