Una de esas mañana en que me daba por
pasear por el casco antiguo, con mis acuarelas bajo el brazo, mirando
las salientes cornisas de los tejados palmesanos.
Y siempre bajo el estímulo de la presencia
perenne de extraños (turistas esta vez) observadores. Como en
tantos otros, todo un reto y a la vez estímulo para mi
imperturbabilidad en el trabajo.
–La soberbia es un pecado capital…
–No, no, créame, es que la
técnica requiere una concentración
cuasi-monástica. Así la gente aprende a observar sin
hacer preguntas. Es muy terapeutico para el que tiene fobia a las masas
como yo.