Dibujé esta perspectiva pocos días
antes de fallecer mi padre. De algún modo intuía que ello
conllevaría un cambio drástico en mi vinculación
con la Cartuja de Valldemossa y más concretamente con la
vivienda de veraneo de mis abuelos. Como así fue.
Quise plasmar la sala central como nunca antes
había tenido interés en describirla, con su mobiliario
centenario, y el aroma de las cepas de vid del jardín y el
murmullo de los turistas deambulando en el museo contiguo.
Un tributo a la dedicación de mi tía
Mercedes por el mantenimiento abnegado de la vivienda.