No hay mucho tiempo para pensar mientras pintas a
la acuarela. Si quieres obtener el resultado apetecido, y siempre es
conveniente saber qué efecto quieres conseguir, olvídate
de pensar demasiado. De lo contrario muchos factores adyacentes se
volverán en tu contra, por ejemplo las condiciones
climatológicas: el Sol que te brinda esas sombras tan
refrescantes y te invita a saturar tu paleta, acabará
también deshidratando el papel de un artista ralentizado
por una ejecución dubitativa.
El muy necesario –por no decir
imprescindible– trabajo intelectual es siempre previo al abordaje
de la acción de pintar a la acuarela. Personalmente lo proceso
mientras esbozo a lápiz el croquis estructural de la pintura.
Es como domar un caballo salvaje. Si no conoces
cual es el abanico de reacciones del animal mientras trates de
dominarlo, mejor no lo montes. De otro modo corres el riesgo de acabar
mordiendo el polvo.
Por si hay quien esté interesado en
saberlo, diré que me considero un domador de grado
más bien medio.